Visión
de una rama de pino
(En sueños)
(Llamada del profeta)
(Dios habla de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta: en sueños o visiones nocturnas, cuando cae el sopor sobre el hombre, cuando está dormitando en su cama. Abre entonces el oído del hombre e inculca en él sus advertencias: para impedir que cometa una acción o protegerlo del orgullo del hombre; para impedirle que caiga en la fosa, que su vida traspase el canal). Job 33,14
La cita anterior de las sagradas escrituras nos permite darnos cuenta de la pura verdad, del hecho de que cuando el Señor nos comunica algunos de sus mensajes, por ejemplo en una visión nocturna, estamos tan distraídos que no prestamos atención a la señal que el Señor nos envía, dejando que se pierda el mensaje que hemos recibido, actuando en esta vida como nos gusta y no como el Señor nos manda, sufriendo luego las consecuencias, de las cuales la peor es, sin duda, la condena eterna.
La siguiente cita de uno de los proverbios nos muestra que la visión recibida del Señor tiene por objeto frenar nuestra conducta pecaminosa para inducirnos a cumplir su ley, es decir, los mandamientos de Dios Padre y de Jesús, con el fin de alcanzar la bienaventuranza eterna.
(Si no hay profetas, el pueblo se desmanda; felices los que observan la ley). Proverbios 29,18
«Visión de la rama de pino y mi interpretación»
A principios de marzo de 2021, tuve estas dos visiones en un sueño:
(1)
Vi cómo se formaba una gran rama de pino en el aire, a una altura de unos veinte metros sobre el suelo, como si esa rama bajase del cielo. En la rama había algunas piñas, que cogí con la mano. Una casi me cae en la cabeza, lo que me hizo mover la cabeza rápidamente y despertarme.
(2)
Esa misma noche soñé con una nube negra muy densa que bajaba del cielo rápidamente, estrellándose en el suelo y expandiéndose del sur hacia el norte, arrastrando el suelo consigo.
Como interpretación de ambos sueños podemos referirnos a la siguiente historia sobre la llamada del profeta Jeremías, prestando atención a las dos visiones que el Señor le dio:
(El Señor me dirigió la palabra: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones». Yo repuse: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño». El Señor me contestó: «No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» —oráculo del Señor—. El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo: «Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar». El Señor volvió a dirigirme la palabra: «¿Qué ves, Jeremías?» Respondí: «Veo una rama de almendro». El Señor me dijo: «Bien visto, porque yo velo para cumplir mi palabra». El Señor me dirigió nuevamente la palabra: «¿Qué ves?» Respondí: «Veo una olla hirviendo que se derrama por la parte del norte». Añadió el Señor: «Desde el norte se derramará la desgracia sobre todos los habitantes del país. Voy a convocar a todas las tribus del norte —oráculo del Señor—. Vendrán y pondrá cada una su trono junto a las puertas de Jerusalén, en torno a sus murallas y a la vista de todas las ciudades de Judá. Entablaré pleito con ellas por todas sus maldades: porque me abandonaron, quemaron incienso a otros dioses y se postraron ante los ídolos que fabricaron sus manos). Jeremías 1,4
De este relato de Jeremías se desprende que el Señor le dio a Jeremías las dos visiones siguientes:
(1)
Visión de una rama de almendro, que se asociará a mi visión de una rama de pino, al ser ambos casos una rama de árbol, más concretamente un árbol de frutos secos.
(2)
Visión de una olla hirviendo, que se asociará a mi visión de la nube oscura que impacta contra la tierra, ya que representan la desgracia que el Señor envía a la tierra.
Del relato de Jeremías se desprende que el Señor asocia la rama de almendro a la palabra que puso en su boca al decir: «Bien visto, porque yo velo para cumplir mi palabra».
Si es cierto que la olla hirviendo representa la desgracia, tal y como entendemos la historia, la rama de almendro también debe representar algo.
La rama de almendro representa la palabra profética de Jeremías, que es la palabra de Dios que el Señor puso en su boca y luego cumplió.
Así, esta rama de almendro representa al propio Jeremías.
Porque sabemos que el Señor también habla a la humanidad a través de los profetas, como se desprende de estas cinco citas de la santa palabra del Señor:
(1)
(Consultó al Señor, pero no le respondió ni en sueños ni por los urim ni por los profetas). 1 Sam. 28,6
(2)
(Hablaré contra los profetas; yo multiplicaré las visiones, y por medio de los profetas te destruiré). Oseas 12,11
(3)
(En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas) Hebreos 1,1
(4)
(Endurecieron su corazón más que el diamante y, de esta forma, no escucharon la Ley y los mensajes que el Señor les enviaba por su espíritu, por medio de los profetas de antaño. Y el Señor se encolerizó vivamente). Zacarías 7,12
(5)
(y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno). Mateo 2,23
La confirmación de que una rama de árbol o un árbol entero representa a un hombre se encuentra en las sagradas escrituras si leemos el capítulo 4 del libro de Daniel, que es muy interesante, en el que el Señor comunica a través de un sueño una visión profética que se hizo realidad.
El hecho de que la rama de almendro represente al profeta Jeremías también puede entenderse del siguiente discurso que Jesús hizo a los discípulos sobre la verdadera vid:
(Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada). Juan 15,1
De este discurso de Jesús sobre la vid entendemos que cada uno de sus discípulos es un sarmiento de vid, alimentado por la vid, porque el sarmiento o rama, si no está unido a la vid no puede vivir ni dar fruto, del mismo modo que un discípulo, sin la palabra y la enseñanza de Jesús no puede dar fruto.
Asimismo, un profeta sin la palabra de Dios no puede dar fruto, al ser un profeta servidor como lo es un discípulo.
Por lo tanto, si el Señor me mostró una rama de pino en una visión, al igual que le mostró a Jeremías una rama de almendro, lo que el Señor le dio a Jeremías también es válido en mi caso.
Si el Señor dio autoridad a Jeremías el día que le mostró una rama de almendro, también me dio autoridad en mi caso el día que me mostró una rama de pino, convirtiéndome en profeta.
Si el Señor me ha hecho profeta, ¿quién podría ser sino el que prometió enviar a través del profeta Malaquías antes del cumplimiento de la ira de Dios?
De hecho, si reconocemos los signos de los tiempos en que vivimos, nos daremos cuenta de que todas las profecías de Jesús sobre el final de los tiempos se han cumplido y que el momento del cumplimiento de la profecía de Malaquías ha llegado.
Si no fuera por esto, tal y como van las cosas en la Tierra, ni siquiera habría tiempo para convertirse.
Promesa que nos hizo Dios Padre por medio del profeta Malaquías:
(Recordad la ley de mi siervo Moisés, los mandatos y preceptos que le di en el Horeb para todo Israel. Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el Día del Señor, día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra). Malaquías 3,22
La siguiente cita del Evangelio de Jesús nos hace caer en la cuenta de que vivimos en el tiempo del fin, tanto por la iniquidad rampante en el mundo como por el enfriamiento del amor de muchos.
De hecho, en el mundo hay mucha maldad hacia nuestro prójimo y hacia el Señor, nuestro Dios.
Si a continuación leemos atentamente las siguientes afirmaciones de Jesús, nos damos cuenta de que después de hablar de la propagación de la iniquidad y del enfriamiento del amor de muchos, el Señor menciona la palabra fin dos veces en dos afirmaciones consecutivas.
Eso significa que el final está muy cerca.
(Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente, y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría; pero el que persevere hasta el final se salvará. Y se anunciará el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin). Mateo 24,11
El Mensajero de Dios