Nueva y eterna alianza
Con la nueva y eterna alianza, a través del sacrificio de Jesús, alguien podría errar y pensar que la antigua alianza, basada en la Ley que Dios le dio a Moisés, ya no tiene valor, pensando que puede permitirse pecar todo lo que quiera, porque todo se perdona gracias al sacrificio de Jesús.
Este error no debe cometerse por las tres razones siguientes:
(1)
En tiempos del profeta Jeremías, alrededor del 620 a.C., el Señor nos dejó claro que iba a forjar con nosotros una nueva alianza, poniendo en nuestros corazones su Ley, ya quebrantada.
Esta Ley no iba a ser diferente a la que le dio a Moisés, pero sí lo iba a ser la manera que Dios iba a utilizar para entregárnosla, escribiéndola en nuestros corazones a través de la obra de Jesús y su sacrificio, como manifestación de amor y respeto a nuestros hermanos y a nuestro Padre Celestial.
De la siguiente profecía de Jeremías entendemos que la voluntad de Dios Padre siempre ha sido la mismo, es decir, el cumplimiento de su Ley:
(Ya llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—. Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo). Jeremías 31,31
(2)
En tiempos del profeta Ezequiel, alrededor del año 600 a.C., el Señor nos dejó claro que nos iba a purificar de todas nuestras impurezas e ídolos llamando nuestra atención sobre el cumplimiento del segundo mandamiento de la Ley dada a Moisés, ya quebrantada.
Es algo que iba a suceder con la renovación de nuestros corazones y espíritus a través de la obra de Jesús y su sacrificio, como manifestación de amor y respeto a nuestros hermanos y a nuestro Padre Celestial.
De la siguiente profecía de Ezequiel por tanto, entendemos que la voluntad de Dios Padre siempre ha sido que cumplamos su Ley:
(Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos). Ezequiel 36,25
(3)
En su tiempo, Jesús, a través de la predicación como Hijo de Dios, nos mostró que la nueva alianza en su sangre no nos iba a librar del deber de respetar la Ley del Padre, algo que podemos comprobar leyendo el documento «Cumplimiento de los mandamientos de Dios.pdf».
La conclusión es que la nueva y eterna alianza surte efecto si respetamos la Ley que Dios dio a Moisés, en cumplimiento de la voluntad del Espíritu de Dios Padre y del Señor Jesús.
El Mensajero de Dios