¡La muerte de Jesús
y la anticipación
del día del Señor!
El día de la muerte de Jesús puede verse como una anticipación de los acontecimientos futuros del fin de los tiempos y, por tanto, como el día del Señor o el cumplimiento de la ira de Dios.
Estos acontecimientos, profetizados en palabras y con signos visibles que se remontan al día de la muerte de Jesús, son:
1) El oscurecimiento del sol.
2) El terremoto.
3) La resurrección de los muertos.
El testimonio del Santo Evangelio es el siguiente:
(Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías». Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el Espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados «Verdaderamente este era Hijo de Dios»). Mateo 27,45
(El oscurecimiento del sol)
La oscuridad que se hizo de las doce del mediodía a las tres de la tarde, debido al sufrimiento de Jesús en la cruz, puede verse como el período de la gran tribulación profetizado por Él al final de los tiempos, después de la cual llegará el día del Señor.
Respecto al sufrimiento que padeció Jesús en la cruz, que duró unas tres horas, podemos hacer un cálculo para entender cuántos años corresponden a cómo considera el Señor el paso del tiempo, sabiendo que para Él un solo día es como mil años y mil años son como un solo día, según la siguiente afirmación del apóstol Pedro:
(Mas no olvidéis una cosa, queridos míos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día). 2 Pedro 3,8
El cálculo es el siguiente:
24 (horas en un día) : 1000 (años) = 3 (horas aprox.) : X (¿cuántos años?)
X = 125 (años aprox.)
Este tiempo de unos 125 años, es decir, algo más de una generación, se puede considerar el tiempo de la tribulación profetizado por Jesús, en el que tenemos el cumplimiento de las profecías sobre el fin de los tiempos, desde las guerras mundiales.
Al respecto podemos leer las dos citas siguientes del Evangelio:
(Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final. Se levantará pueblo contra pueblo y Reino contra Reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares; todo esto será el comienzo de los dolores). Mateo 24,6
(En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, as estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los Ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.) Marcos 13,24
(El terremoto)
El terremoto de ese día anticipa el profetizado en la siguiente visión del Apocalipsis:
(El séptimo derramó su copa en el aire, y del santuario y del trono salió una voz potente que decía: «Ya está hecho». Hubo relámpagos, voces y truenos, y hubo un terremoto tan violento como no lo ha habido desde que hay hombres en la tierra. La gran ciudad se partió en tres y las capitales de las naciones se derrumbaron. Dios se acordó de la gran Babilonia y le hizo beber la copa de vino del furor de su ira). Apocalipsis 16,17
Este devastador terremoto ya había sido profetizado por Dios unos siete siglos antes de Jesús a través del profeta Isaías, diciendo:
(Haré temblar los cielos y moverse la tierra de su sitio, por el furor del Señor del universo, el día del incendio de su ira). Isaías 13,13
(La resurrección de los muertos)
La resurrección de los muertos anticipa la primera resurrección al final de los tiempos, profetizada en la siguiente visión del Apocalipsis:
(Vi también un Ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón, la antigua serpiente, o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no volvieron a la vida hasta pasados los mil años. Esta es la primera resurrección). Apocalipsis 20,1
El Mensajero de Dios