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El segundo
mandamiento
de Dios


El Señor ordenó diciendo:

(No te fabricarás ídolos, ni figura alg una de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian. Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos). Éxodo 20,4

Con este mandamiento, el Señor nos ordena no hacer ídolos ni imágenes de lo que Él ha creado en el cielo y en la tierra.
El Señor señala al ídolo y a la imagen por separado, por lo que ambos deben considerarse completamente diferentes entre sí, aunque un ídolo a veces puede ser una imagen de algo que es obra de Dios.
Por su parte, una imagen también puede ser a veces un ídolo.

Si el Señor las ha indicado por separado, es justo considerarlas dos cosas distintas.
En referencia a ellas, nos habla primero de postración y, luego, de servidumbre, haciéndonos ver que no debemos hacer de ellas objetos de adoración, ni debemos servirles.

Si hubiera dicho lo contrario, es decir, «No les servirás ni te postrarás ante ellos», no habría tenido sentido, porque si no les servimos es normal que no podamos postrarnos ante ellos.
Sin embargo, cuando nos postramos ante estos objetos, ya les estamos sirviendo.

Para entender plenamente el significado de este mandamiento, podemos plantearnos las siguientes preguntas:

1) ¿Cuál es el ídolo al que se refiere el Señor?
2) ¿A qué imágenes se refiere el Señor?
3) ¿Delante de qué no hay que postrarse?
4) ¿A qué no debemos servir?
5) ¿De qué está celoso el Señor?
6) ¿En qué puede consistir el castigo a los hijos de que habla el Señor?
7) ¿Por qué la transgresión de los mandamientos para el Señor es un odio hacia Él?
8) ¿Cómo muestra el Señor su bondad por mil generaciones?

«Respuesta a las distintas preguntas»


1) ¿Cuál es el ídolo al que se refiere el Señor?

El ídolo al que se refiere el Señor es principalmente ese objeto que fabricamos con nuestras manos y al que adoramos, atribuyéndole un carácter sagrado y un poder divino que no puede tener.
En las Sagrada Escritura hay muchas referencias a estos ídolos que erróneamente nos fabricamos y adoramos para nuestra desgracia. Siguen tres citas de referencia entre paréntesis:

(1)

(No tendrás otros dioses frente a mí) Éxodo 20,3

Estos dioses son los ídolos o falsos dioses que fabricamos como objetos de culto, que colocamos, por ejemplo, dentro de las iglesias ante el Señor.

(2)

(El Señor habló a Moisés: «Así dirás a los hijos de Israel: “Vosotros mismos habéis visto que os he hablado desde el cielo. No pongáis junto a mí dioses de plata ni dioses de oro; no os los fabriquéis”»). Éxodo 20,22

Siendo Dios un ser espiritual vivo en todas partes en los cielos, no podemos hacer dioses de plata y oro, colocarlos al lado del Señor y adorarlos en lugar de Él.

(3)

(El resto de los hombres, los que no murieron por estas plagas, tampoco se arrepintieron de las obras de sus manos, no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro y plata, bronce, piedra y madera, que no ven ni oyen ni andan. No se arrepintieron tampoco de sus homicidios ni de sus hechicerías ni de su fornicación ni de sus robos). Apocalipsis 9,20

Los ídolos, sea cual sea el material para fabricarlos, son solo obra de nuestras manos.
Al adorar un ídolo estamos adorando al demonio por medio de él.
De hecho, en la cita la adoración a los demonios está ligada a la adoración de ídolos, porque no podríamos adorar a Satanás voluntariamente al no poder verlo y ni siquiera creer en su existencia, sino indirectamente a través del ídolo, hecho por su voluntad con el propósito de inducirnos a una falsa adoración a Dios.

En la cita anterior, el Señor también nos hace ver que cuanto más valioso es el material utilizado para construir un ídolo, peor es el engaño que Satanás nos hace.
No es casualidad que los materiales indicados por Dios se mencionan en orden descendente de valor, entre los que el oro es el peor.


2) ¿A qué imágenes se refiere el Señor?

Cuando Dios dice «ni imagen alguna» se está refiriendo a todas las imágenes que fabricamos que representan algo que el Señor ha creado en el cielo o en la tierra, dondequiera que estén hechas.
Aquí, la palabra «alguna» significa «ninguna» imagen.
A veces el Señor llama a estas imágenes con el nombre de estelas.
Aunque estas imágenes que fabricamos nos parezcan bonitas o agradables, no significa que sea correcto hacerlas, porque nuestra manera de pensar no es la manera de pensar de Dios.
Lo que para nosotros puede ser bonito o agradable, para el Señor puede ser odioso, y lo que para nosotros puede ser odioso, para el Señor puede ser necesario.
Dios, a través del profeta Isaías, dijo:

(Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes). Isaías 55,7


3) ¿Delante de qué no hay que postrarse?

En cuanto a la postración, el Señor habla en plural, diciendo «No te postrarás ante ellos», por lo que no debemos postrarnos ni ante un ídolo ni ante una imagen, aunque esa imagen no sea objeto de culto o adoración.


4) ¿A qué no debemos servir?

En cuanto a la servidumbre, la situación es la misma que la de la postración.
El Señor dice «y no les servirás», así que no debemos servir ni a un ídolo ni a una imagen de todo lo que el Señor ha creado en el cielo y en la tierra.

Por servidumbre al ídolo se entiende el culto que le rendimos, desde su confección y exhibición pública, hasta la postración ante él y la invocación para obtener algún beneficio, como si el Señor necesitara los oídos insensibles de un ídolo material hecho con nuestras propias manos para conceder nuestras peticiones.
Por servidumbre de la imagen, en cambio, entendemos cualquier uso de la imagen, siempre a partir de su creación.


5) ¿De qué está celoso el Señor?

En cuanto a los celos del Señor, no se especifica en el mandamiento de qué está celoso el Señor.
Sin duda está celoso de su gloria, algo que podemos entender a partir de la siguiente cita del profeta Isaías:

(Yo soy el Señor, este es mi nombre; no cedo mi gloria a ningún otro, ni mi honor a los ídolos). Isaías 42,8

Pero el Señor no solo está celoso de su gloria, sino también de la naturaleza que ha otorgado a todo lo que ha creado en el cielo y en la tierra.
De lo contrario ¿cómo se explicaría su sentimiento de odio hacia las imágenes que hacemos aunque no sean objeto de culto o adoración que el Señor también llama con el nombre de estelas?
Estas estelas no son ídolos, aunque a veces lo sean, sino imágenes que representan algo que el Señor ha creado en el cielo y en la tierra, a lo que servimos haciendo uso de ellas.

Las siguientes seis citas de las Sagradas Escrituras en referencia al segundo mandamiento de Dios nos dan a entender que el Señor odia estas imágenes o estelas que fabricamos:


(1)

(No plantarás postes sagrados junto al altar que construyas al Señor, tu Dios, ni erigirás estelas, porque las detesta el Señor, tu Dios). Deuteronomio 16,21

(2)

(El Señor dijo a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó: «Di a los hijos de Israel: “Cuando paséis el Jordán para entrar en la tierra de Canaán, 52expulsaréis a vuestra llegada a todos los habitantes del país. Destruiréis todas sus imágenes pintadas y sus estatuas de fundición, y demoleréis todos sus santuarios. Apoderaos de la tierra y habitad en ella, pues voy a daros todo el país en propiedad”»). Números 33,50

(3)

(Por el contrario, así haréis con ellos: demoleréis sus altares, destrozaréis sus estelas, arrancaréis sus postes y prenderéis fuego a sus ídolos. Porque tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios; el Señor, tu Dios, te eligió para que seas, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad). Deuteronomio 7,5

(4)

(Estos son los mandatos y decretos que debéis observar y cumplir en la tierra que el Señor, Dios de tus padres, va a darte en posesión, mientras dure vuestra vida sobre la tierra. Debéis destruir por completo todos los lugares donde las naciones que vais a desposeer han dado culto a sus dioses: en lo alto de los montes, en las colinas y bajo todo árbol frondoso. Demoleréis sus altares, destrozaréis sus estelas, prenderéis fuego a sus postes, derribaréis las imágenes de sus dioses y borraréis su nombre de aquel lugar). Deuteronomio 12,1

(5)

(Cumple lo que yo te mando hoy; expulsaré delante de ti a amorreos, cananeos, hititas, perizitas, heveos y jebuseos. Guárdate de hacer alianza con los habitantes de la tierra donde vas a entrar; porque serían un lazo para ti. Derribarás sus altares, quebrarás sus estelas, talarás sus árboles sagrados. No te postres ante otro dios, porque el Señor se llama «Celoso», y es un Dios celoso). Éxodo 34,11

(6)

(Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Hazle caso y obedécele. No te rebeles, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones. Si le obedeces fielmente y haces lo que yo digo, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios serán mis adversarios. Mi ángel irá por delante y te llevará a las tierras de los amorreos, hititas, perizitas, cananeos, heveos y jebuseos, y yo los exterminaré. No te postrarás ante sus dioses ni les darás culto; y no imitarás sus acciones. Al contrario, los destruirás y destrozarás sus estelas. Daréis culto al Señor vuestro Dios y Él bendecirá tu pan y tu agua. Y yo alejaré de ti las enfermedades. No habrá en tu tierra mujer que aborte ni que sea estéril. Colmaré el número de tus días). Éxodo 23,20


6) ¿En qué puede consistir el castigo a los hijos de que habla el Señor?

El castigo de los hijos del que habla el Señor puede consistir en cualquier dolencia infligida a un hijo a causa del pecado de uno de sus progenitores, tal y como les ocurrió a los descendientes de Adán y Eva, es decir, a todos nosotros, al haber heredado la muerte como consecuencia de la desobediencia de nuestros progenitores.


7) ¿Por qué la transgresión de los mandamientos para el Señor es un odio hacia Él?

Así como respetar los mandamientos es para el Señor una actitud de amor hacia Él, porque exaltamos su Ley y, por tanto, su justicia, la transgresión de los mandamientos de Dios es una actitud de odio hacia Él y de desprecio a su Ley y soberanía.


8) ¿Cómo muestra el Señor su bondad por mil generaciones?

En cuanto a la bondad de Dios, al respetar sus mandamientos permitimos que el Señor nos conceda sus bendiciones, aunque aparentemente los malvados de la tierra disfruten de las mismas bendiciones que los buenos.
Si hacemos el cálculo, encontramos que mil generaciones corresponden a unos 100.000 años y, como el Señor es un Espíritu de vida eterna, no podemos dudar de lo que ha dicho con el mandamiento sobre su bondad.
Porque cuando Dios resucita a un hombre en la vida eterna con una dicha sin fin, este cuenta continuamente con la bondad de Dios gracias a la bendición recibida, la resurrección.

La siguiente cita de las Sagradas Escrituras nos da una idea de la bendición y maldición dirigidas hacia nosotros, que deben entenderse como proyectadas para la vida eterna:

(Mira: yo os propongo hoy bendición y maldición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os apartáis del camino que yo os mando hoy, yendo en pos de otros dioses que no conocéis). Deuteronomio 11,26


El Mensajero de Dios