El impronunciable
nombre de Dios
“YHWH”
El nombre o atributo por el que Dios se nos ha dado a conocer a los hombres está compuesto por el tetragrámaton «YHWH», que aparece en el Antiguo Testamento en el idioma hebreo original y que más tarde cambiaron a «YAHWEH».
El alfabeto hebreo se denomina consonántico, porque no contiene vocales, que se añadieron posteriormente para dar a las palabras cierta pronunciación.
En hebreo, estas vocales se denominan «niqud».
Los nombres propios, al igual que otras palabras del diccionario, contienen vocales además de consonantes, que son esenciales para pronunciarlos.
Lo que llamamos el nombre de Dios, es decir, «YHWH», no es un nombre propio de persona.
Representa el significado de la esencia de Dios, como Dios mismo nos aclaró al presentarse a Moisés y decirle:
(Dios dijo a Moisés: «“Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros»). Éxodo 3,14
El hecho de que la palabra «YHWH» asociada a la persona de Dios no contenga ninguna vocal nos muestra que el Señor no quiere que se pronuncie su nombre, porque no es posible pronunciar una palabra compuesta únicamente por consonantes.
Los antiguos judíos no pronunciaban el nombre Sagrado de Dios, YHWH, para no profanarlo, manifestando así su justo temor al Señor.
En el alfabeto de las distintas lenguas que conocemos, las vocales tienen la finalidad de permitir la pronunciación de las palabras, dándoles un sonido agradable.
La lengua hablada por Jesús, el arameo, también se denomina consonántica, porque su alfabeto se compone únicamente de consonantes, que también se utilizan para escribir en hebreo.
Las vocales que se añadieron posteriormente no son vocales ni letras propiamente dichas, sino símbolos colocados encima o debajo de las consonantes, como puntos.
El hecho de que tanto el hebreo como el arameo sean lenguas consonánticas demuestra la sacralidad no solo del nombre YHWH o esencia de Dios, sino de toda la santa Palabra del Señor, al haberlas elegido como lengua de comunicación con nosotros, todo un signo Divino.
Si añadimos algunas vocales a la palabra YHWH, como hicimos al convertirla en YAHWEH para poder pronunciarla, se convierte en una profanación del nombre o, más bien, del atributo que el Señor escogió para sí mismo en ese momento.
Además, ni siquiera tenía sentido añadir vocales al nombre original de Dios si después no iban a pronunciarlo, como hacían los antiguos hebreos.
También podemos decir que se podrían añadir dos letras «A» al nombre YHWH y que por lo tanto no fuera YAHWEH, sino YAHWAH, que también sería lógico.
Pero si ambas son lógicas, ninguna lo es, no en vano el nombre de Dios es impronunciable.
El Espíritu se apareció a Moisés en una zarza y se dirigió a él, presentándose no con un nombre propio, sino con las siguientes palabras:
(Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés». Respondió él: «Aquí estoy». Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado». Y añadió: «Yo soy el Dios de tus Padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob». Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios). Éxodo 3,4
Posteriormente, el Espíritu de Dios se dio a conocer a Moisés bajo el nombre de «Señor» y anteriormente bajo el nombre de «Dios Todopoderoso».
La cita de las Sagradas Escrituras es la siguiente:
(Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy el Señor. Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob como “Dios todopoderoso”, pero no les di a conocer mi nombre: “El Señor”»). Éxodo 6,2
Así, en las primeras manifestaciones de Dios, el Señor no utilizó un nombre propio, sino el nombre «Dios», como Jesús fue llamado muchas veces en su predicación como Hijo de Dios, así como Padre o Dios Padre, según consta en el Santo Evangelio.
Si nunca llamamos a nuestros Padres terrenales por su nombre por una cuestión de respeto, con mayor razón no debemos llamar al Padre Eterno por su nombre, como nos enseñó Jesús, aunque Él está por encima de todos nosotros, debido a la Divinidad que recibió como Hijo de Dios.
Además de Dios, el Espíritu del Eterno ha elegido para sí el nombre o título de Señor, como ya hemos mencionado en la cita anterior y también en la siguiente declaración de Dios:
(Dios añadió: «Esto dirás a los hijos de Israel: “El Señor, Dios de vuestros Padres, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación”»). Éxodo 3,15
Aquí vemos que Dios ha elegido para sí mismo la palabra «Señor» como nombre o título definitivo, al que antiguamente se hacía referencia en las distintas lenguas de la Santa Biblia como «Adonai», «Kyrios» o «Dominus».
Jesús, que para nosotros es «Señor», también aceptó ser llamado con este nombre, como se refleja en las palabras del apóstol Tomás tras su resurrección, citadas en la parte siguiente del Evangelio:
(Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Él les dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto»). Juan 20,25
El nombre de «Señor» que Dios ha elegido para sí mismo ha sido invocado muchas veces por diversos hombres de fe para obtener milagros, lo que confirma que es el nombre correcto que hay que darle.
En las Sagradas Escrituras no conocemos ningún milagro realizado en nombre de YHWH, entre otras cosas porque sin vocales no podría pronunciarse.
Si las añadían invocando a Dios con ese nombre, no obtenían lo que pedían.
El Mensajero de Dios