Cumplimiento
de los mandamientos
de Dios
Cuando hablamos del cumplimiento de los mandamientos de Dios, nos referimos tanto a la Ley que Dios dio a Moisés, es decir, los diez mandamientos, como a los mandamientos del Señor Jesús recibidos por medio del Evangelio, que no excluyen a los primeros, sino que los confirman y refuerzan.
Las siguientes citas entre paréntesis de las sagradas escrituras nos muestran que la voluntad de Dios Padre y de Jesús es que se cumplan sus mandamientos.
Además, nos muestran lo que significa y conlleva el cumplimiento o incumplimiento de estas reglas de vida:
(No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley). Mateo 5,17
Si Jesús no abolió la Ley del Padre ni la palabra de los profetas, debemos cumplir la Ley de Dios Padre y la palabra de los profetas.
Además, Jesús dice que mientras existan el cielo y la tierra, todo lo que se ha escrito seguirá siendo válido, para garantizar un cumplimiento total de las escrituras.
(Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo). Mateo 6,9
Si Jesús nos enseñó a orar dirigiéndonos al Padre, diciendo «Hágase tu voluntad», debemos cumplir la Ley de Dios Padre, pues ésta es la voluntad del Padre y del Hijo.
(No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos). Mateo 7,21
Si Jesús no deja entrar en el reino de los cielos a quienes no cumplen la voluntad del Padre, para vivir en la dicha eterna con el Señor debemos cumplir la Ley de Dios Padre.
(Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre»). Mateo 12,47
Si Jesús nos reconoce como sus hermanos, hermanas y madre, en virtud de nuestra obediencia al Padre, debemos cumplir la Ley de Dios Padre.
(Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos). Mateo 28,19
Si Jesús nos enseñó a orar diciendo a nuestro Padre Celestial «Hágase tu voluntad», para nosotros resulta ser un verdadero mandamiento del Hijo de Dios, como manifestación de su voluntad en concordancia con la voluntad del Padre, por lo que debemos cumplir la Ley de Dios tal y como Él nos la ha ordenado.
(El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él). Juan 3,36
En referencia a esto, Jesús también dijo:
1) (Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá) Juan 11,25
2) (Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí). Juan 14,6
Si Jesús es la vida y nosotros queremos ver esta vida y vivir eternamente en la presencia del Señor, debemos obedecer su voluntad, cumpliendo sus mandamientos y los mandamientos de Dios Padre, pues esta es su voluntad.
(El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él). Juan 14,21
Si para ser amados por Dios Padre debemos guardar los mandamientos de Jesús, como Jesús quiere que se haga la voluntad del Padre, debemos cumplir la Ley de Dios Padre.
(Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor). Juan 15,10
Si Jesús cumplió los mandamientos del Padre para mantener su amor, puesto que Jesús es (el «camino», la verdad y la vida) que conduce al Padre, para vivir eternamente con Dios, en la paz y la bienaventuranza de su reino debemos seguir su enseñanza, cumpliendo como él la Ley de Dios Padre.
(En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo». Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida»). Lucas 10,25
Si para heredar la vida eterna debemos amar al Señor con todo nuestro corazón, debemos cumplir la Ley de Dios Padre, pues sabemos que cumplir los mandamientos de Dios significa amarle, según sus propias palabras pronunciadas a través del segundo mandamiento que sigue:
(No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian. Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos). Éxodo 20,4
Si cumplir los mandamientos de Dios significa amarle, no cumplirlos significa odiarle o despreciarle, aunque no nos demos cuenta.
¿Cómo podemos pretender vivir en la dicha eterna del Paraíso de Dios?
(Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, recomendado por el testimonio de todos los judíos residentes en la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: «Saúl, hermano, recobra la vista». Inmediatamente recobré la vista y lo vi). Hechos de los Apóstoles 22,11
Si Jesús dio a un hombre, devoto observador de la Ley, el poder de curar a Saúl de la ceguera que le había infligido, para permanecer y vivir en Dios y Dios en nosotros, permitiéndole obrar milagros también a través de nosotros, debemos cumplir la Ley de Dios Padre y los mandamientos de Jesús.
La siguiente cita del Evangelio nos permite darnos cuenta de ello:
(Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor). Juan 15,7
(Recordad la ley de mi siervo Moisés, los mandatos y preceptos que le di en el Horeb para todo Israel. Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el Día del Señor, día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra). Malaquías 3,22
La profecía de Malaquías se refiere al fin de los días, justo antes del día del juicio, mostrándonos que incluso en ese momento debemos tener presente la Ley de Moisés, cumpliendo así los diez mandamientos de Dios Padre.
(Mira: yo os propongo hoy bendición y maldición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os apartáis del camino que yo os mando hoy, yendo en pos de otros dioses que no conocéis). Deuteronomio 11,26
Si el Señor ha puesto la maldición ante nosotros debido al incumplimiento de los mandamientos, dicha maldición debe tener efecto en nuestra vida terrenal y nuestra vida eterna, es decir, implica males de todo tipo: muerte y condena eterna.
De hecho, sabemos que el sufrimiento y la muerte comenzaron con la desobediencia de Adán y Eva, debido a la maldición de Dios sobre ellos, que recae sobre todos nosotros, al haber heredado las consecuencias del pecado original de Adán y Eva.
Jesús, al no haber abolido la Ley de Dios Padre, ni la palabra de los profetas, nos muestra que la maldición de Dios en el mundo, ligada al incumplimiento de la Ley, surte siempre efecto para quienes la incumplen, con todos los males que de ella se desprenden.
El Señor también dijo:
(Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo). Isaías 55,10
«Conclusión»
Cumplir los mandamientos de Dios Padre y del Señor significa:
– Amar a Dios
– Temer a Dios
– Pertenecer a Dios
– Ser amado por Dios
– Ser bendecido por Dios
– Vivir en Dios y Dios en nosotros
– Posibilidad de obtener milagros de Dios
– Posibilidad de entrar en el Reino de los cielos o Paraíso de Dios
El Mensajero de Dios